Hace diez años que llegué a vivir a un fraccionamiento de la zona norte de la ciudad, cerca del Parque Metropolitano, visualicé que las distancias hacia ciertos puntos de la localidad, serían algo lejanas, que en un futuro habría algunos cambios en la zona porque se construirían desarrollos residenciales de lujo a los alrededores, visualicé que tendría muchos vecinos que no conocería por nombre y que mi familia que en ese momento éramos sólo mi esposo y yo, viviríamos en un rumbo tranquilo y sin mayor conflicto. Con mucho pesar, tal como los amables lectores de la misma zona en la que habito, me lo han externado, la realidad que vivimos tanto mi familia como muchas otras de esos alrededores, se ha tornado muy complicada a partir de que iniciaron las obras del famoso distribuidor vial Benito Juárez. La famosa e imponente obra, construida con recursos federales, fue anunciada desde el año de 2013 e iniciada en julio de 2014. Durante las etapas proyectadas, se ha encontrado a cargo de diferentes empresas constructoras del país, algunas con mejores resultados que otras, algunas con trabajadores más activos que otras, pero la constante es que ha sido una obra lenta, engorrosa y que ha causado un tráfico verdaderamente infernal. Tramos que antes de la obra se realizaban en 15 minutos, nos toman ahora el doble, si bien nos va y eso que nos encontramos en la etapa final de toda la obra. Según los pronósticos originales, la obra se terminaría en julio de 2016. Incluso recientemente, la ex alcaldesa, Bárbara Botello, quien estuvo en la ciudad, hizo referencia a los atrasos de la construcción del distribuidor, a lo que el actual alcalde respondió, que hace falta que lleguen las recomendaciones y resoluciones por parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales por las condiciones de naturaleza que serán afectadas para el paso de la obra, de tal modo que pueda llevarse a cabo la ampliación del segundo carril, al frente del Parque Metropolitano. Independientemente de las declaraciones emitidas durante la semana pasada propósito del tema, lo cierto es que hasta que concluyan el distribuidor, nos enfrentaremos con “sorpresas”. En horas pico, el transitar por cualquier zona aledaña a la multicitada obra, resulta una verdader pesadilla, no se diga con calor y no se diga acompañada de niños. Ya sea que nos cierren temporalmente un carril que un día antes estaba abierto, que nos desvíen en sentido contrario, que improvisadamente abran la circulación por dos vías, haciéndose cuellos de botellas y provocando que los automovilistas no sólo no puedan prever tiempos, sino que se alteren y se expongan a desafortunados accidentes. Somos miles de afectados que sinceramente esperamos que la obra se concluya como se ha anunciado, hacia finales de junio de este año, lo cual, siendo realistas, resulta francamente improbable. Entendemos que como señalan los avisos colocados a lo largo de la construcción, “el beneficio será permanente”, pero hemos sacrificado mucho por que así sea. De verdad esperamos que valga la pena y que el tráfico vehicular en un futuro cercano, sea más desahogado.

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