María Estela perdió la batalla contra las secuelas de la violencia; su corazón no soportó más y tras diez días de lucha, dejó a una familia incompleta.

Se despidieron de ella en un panteón de Silao.

María, como le decían, no es una más de la lista de víctimas inocentes de la violencia: Fue y siempre será una madre, hermana, abuela y amiga que hasta sus últimos días mantuvo unida a su familia.

Minutos después de las 5:00 de la tarde del 4 de abril, María caminaba por la acera de la calle Palma, a unos metros de la 5 de Febrero. De un automóvil oscuro descendió un sujeto y disparó en contra de dos hombres que charlaban en el lugar.

La acompañaba su bisnieta de 3 años de edad, quien resultó ilesa.

Tras el ataque se especuló que se trataba de padre, madre e hijo, pero días después se aclaró que los afectados no tenían relación alguna con Estela.

DÍAS DE AGONÍA

Internada en un hospital de la ciudad, ella estuvo apenas unos minutos en estado de consciencia. Flor, su hija mayor, que por seguridad pidió el anonimato, pudo cruzar unas palabras con ella.

La bala le afectó el hígado y debilitó su cuerpo.

La tarde del viernes 13, sus hijos recibieron la terrible noticia de boca de los médicos: su corazón dejó de latir.

Flor creyó que se recuperaría pese a que los doctores le daban pocas esperanzas.

La velaron en compañía de sus amistades y ayer domingo, su cuerpo fue llevado a la Parroquia de Cristo Jesús Señor del Perdón, donde el padre Señor Cura Juan Francisco Becerra Cardona ofició la misa.

HASTA SIEMPRE

En el cortejo fúnebre participó más de un centenar de personas, quienes llegaron hasta el panteón privado Jardines Eternos.

Tomaron más de media hora para dar el último adiós a la jefa de su familia, viuda hace algunos años.

No podrían soportar el llanto y reprochaban el atroz crimen que le quitó la vida. ¿Cómo sería la vida sin ella?, se cuestionaban.

“Iba a verme en vacaciones con ella, pero no de esta manera”, decía otra de sus hijas.

Más de 15 ramos de coloridas flores adornaron su sepultura, la que tiene ahora como última morada.