Nadie puede negar que la consulta nacional que se llevó a cabo del 25 al 28 de octubre, para decidir sobre la cancelación del NAIM, dejó mucho que desear.

No solamente se llevó a cabo ignorando el marco normativo que debería regular las consultas populares, sino que se presentaron severas irregularidades y, además, el número de personas que votó debería resultar insignificante para sustentar una decisión de gobierno. Sin embargo, fue un ejercicio aplaudido por los miembros del gobierno que arrancará en menos de un mes. Pues hay otro grupo que también externó su opinión, y cuya voz ha sido ignorada, pero que también tiene un peso importante: los mercados financieros.

El lunes de la semana pasada, después de conocerse los resultados de la consulta, que favorecieron la cancelación del NAIM, el peso y el Índice de Precios y Cotizaciones tuvieron su peor jornada desde que Donald Trump ganó la presidencia de los Estados Unidos, en noviembre de 2016. El peso se deslizó más de 3 por ciento, depreciándose prácticamente 70 centavos en un sólo día; y la bolsa tuvo una pérdida del 4 por ciento a lo largo de la jornada. En particular, las empresas relacionadas con la industria de la aviación perdieron, en conjunto, más de 10 mil millones de pesos en su valor de mercado.

Después de esto, HR Ratings y Fitch Ratings, cambiaron de estable a negativa la perspectiva de la calificación de la deuda soberana de México. Ambas calificadoras argumentaron que puede haber un menor nivel de credibilidad y confianza en las acciones del próximo gobierno, incrementando el riesgo de que se tomen acciones que puedan afectar negativamente los intereses de los inversionistas. Por su parte, Moody’s y Standard & Poor’s, si bien no modificaron sus calificaciones, sí fueron enfáticas al señalar que el resultado de la consulta lanzó señales negativas a los inversionistas, que podrían desincentivar inversiones en el futuro cercano y desacelerar el paso de la economía mexicana.

No obstante, Alfonso Romo, futuro jefe de la oficina de la Presidencia de la República, desestimó que haya pánico en los mercados. Ahora bien, es importante que definamos qué son los mercados. Podrían parecer un ente etéreo, pero no lo son. En realidad, cuando hablamos de los mercados, nos referimos, en el caso de México, a cientos de miles de personas, que compran y venden bonos y acciones, a través de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) y de la Bolsa Institucional de Valores (BIVA). Por ejemplo, el martes pasado, se realizaron 750 mil operaciones en la BMV. Si lo comparamos con el número de participantes en la encuesta nacional, el número no es tan distinto.

Andrés Manuel López Obrador ha sido claro al afirmar que se acabó el dominio de una minoría, refiriéndose a los mercados, y que quien manda es el pueblo. Hay que recordarle al presidente electo que, en efecto, los que participan en los mercados pueden ser una minoría, pero siguen siendo una voz importante, en especial porque apoyan en el fondeo, no solamente de empresas privadas, sino del gobierno, que coloca bonos en los mercados para recabar recursos financieros. La voz del mercado es tan importante como la de aquellos que participaron en la consulta. Su voz es tan importante que pueden desestabilizar la economía y llevar al próximo gobierno al fracaso.


Guillermo Ituarte Marumoto

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