Los negocios de estructura familiar son un sistema de relojería, donde conviven más o menos coordinadas pero cada uno en su propia órbita, la familia, la empresa en sí y el patrimonio de los dueños, incluida la propiedad de ésta. Mis amables lectores saben que el sistema es delicado y si alguna de las partes integrantes falla, se puede llevar consigo a las demás.
Vamos a tocar el tema del patrimonio personal del emprendedor y de su familia. La propiedad de la empresa, por medio de acciones y otros activos relacionados es parte integral de este patrimonio, e incluso en muchos casos de pequeños y medianos negocios es la parte fundamental. En épocas críticas ese activo se puede debilitar porque depende de la salud y perspectivas de ventas, utilidades y crecimiento de esa organización dinámica que es su negocio. Me temo que es más seguro que se vaya debilitando con el tiempo ante los embates externos y de la propia organización, lo que seguramente bajará el valor del negocio como ente operativo.
Lo importante es ser realistas: Todos vemos a nuestro negocio- bebe con ojos idealistas y color de rosa, aumentando su valor de acuerdo a la sangre, sudor y lágrimas que nos ha costado fundarlo y hacerlo crecer. Minimizamos su situación diciendo que “ya he vivido otras crisis y salí avante, por lo que está también me hace los mandados”. Por otro lado los dueños ya hastiados de la situación en general y previendo una próxima catástrofe buscan salir de este problema a como de un lugar, vendiéndola sin reflexionar a cualquier precio y en condiciones adversas.
Entre estos extremos hay una gama de opciones casi infinita y que requiere mucha atención por los accionistas, ejecutivos y los Consejos de Administración y el Familiar que está directamente obligado a preservar el patrimonio de sus miembros.
A menos que haya una emergencia dentro del negocio (o una gran oportunidad de venta) ,lo indicado es sentarse, preferiblemente dentro del consejo y con sus asesores de confianza para ver las acciones a tomar y sus diferentes estrategias. Valuar el negocio por los diferentes esquemas que existen y verlo con ojos del comprador, es decir sin sueños guajiros, ayuda a ser realista y esperar a que exista una coyuntura adecuada. En todos los casos vale mucho más el que la empresa esté operando, genere un flujo de fondos aceptable de su actividad y que sus razones financieras y su organización, (como ya lo vimos en los capítulos recientes de esta serie, estén bien gestionados) . Un negocio en decadencia o arruinado vale por kilo y eso es terrible para el sueño del emprendedor.
Un asunto aparte pero básico es el que el patrimonio personal conste sólo o en su mayoría con el del negocio, ya que vulnera enormemente el futuro del emprendedor, su cónyuge y demás familiares, sus planes de retiro y… la situación testamentaria. De eso hablamos en el siguiente capítulo
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