La ciudad de Guanajuato atrae por sus plazas y callejones, que le dan gran colorido y atractivo, como en El Baratillo, enclavado en pleno Centro Histórico, en donde al fondo a su izquierda sobresale al paso el Callejón de Carcamanes para cientos de lugareños y turistas, quienes a diario transitan por el sitio.

El lugar, en antaño fue propicio para el acontecimiento de hechos que luego se hicieron leyendas, como la que a continuación se describen sobre los hermanos europeos de apellido Karkaman, quienes hace más de un siglo (1807), vinieron a vivir a Guanajuato y fueron comerciantes, donde luego fueron víctimas de un misterioso y doble asesinato, según cuentan narraciones orales en propia voz de los lugareños:

Hace más de siglo y medio que vinieron a establecerse a esta ciudad dos hermanos extranjeros procedentes de Europa, según se decía por entonces; y su apellido Karkaman fue degenerado en “Los Carcamanes”, para referirse a ambos.
Su ocupación de comerciantes pronto los hizo muy populares. La casa en que vivieron aún puede verse al fondo, a la izquierda, de la que se llama Plazuela de San José, por su proximidad al Templo de este nombre y de la plazuela El Baratillo. Es una casa de tres pisos, de la cual los hermanos ocuparon el entresuelo.
La vida transcurría tranquila y bonancible para los hermanos, pero un mal día, al amanecer la mañana del 2 de junio de 1803, ocurrió como reguero de pólvora la noticia de que los vecinos habían encontrado los cuerpos yertos de los hermanos “Carcamanes”. Y cuentan cuando entraron a la casa que se hallaba abierta, el cuadro que se ofrecía a su vista era horrible, trágico y espeluznante.

Un doble asesinato para robarlos, fue la primera hipótesis que se formó en torno a su inesperada muerte. Sin embargo, la realidad fue otra.
Una joven, tanto bella como frívola que allí vivía, fue hallada también con una tremenda herida en medio del corazón esa misma mañana del 2 de junio.
Se podrá dilucidar que la frívola doncella sostenía relaciones amorosas con los hermanos, Arturo y Nicolás. El primero, poseído de profunda cólera, esperó a que llegara el segundo y, como acontece en esos casos, ni el parentesco ni la vida en común a través de los años fueron obstáculo para que ocurriera la terrible tragedia.  En ciega e iracunda pelea se trabaron los “Carcamanes”, de la cual quedó tendido Nicolás. Arturo, a pesar de hallarse muy mal herido, apoyándose en la pared con las manos ensangrentadas, llegó hasta donde vivía la infiel y en su propio lecho la asesinó, volviéndose luego a su casa, donde se suicidó con la misma arma homicida.

Cuando las autoridades intervinieron y se corrieron los trámites de rigor, el cuerpo de Nicolás fue inhumado en el que es el templo de San Francisco, y Arturo en el Panteón de San Sebastián. Y cuenta la leyenda que por ese rumbo de San José, a la casa hacen el recorrido, apenas cae la noche, hasta la madrugada, lamentando su suerte y llorando su castigo.