Sí, el Parque Metropolitano sufre de arritmia cardíaca.
En continuidad con la metáfora del mal coronario que afecta el emblemático parque -como se parafraseó hace ocho días en esta columna-, se agrega el espasmo sufrido con la renuncia del director Francisco Javier Camarena, confirmada el lunes pasado. La convulsión se derivó de una falta de comunicación entre los consejeros con el director.
¿Qué factor bloqueò las arterias? No hay respuesta oficial, sólo un parcial diagnóstico de la falta de circulación entre ambos órganos vitales.
El padecimiento viene desde hace un año, cuando un 18 de agosto del 2016 se removió a Rigoberto Montes Palomares del cargo de director para dejar el “paquete” al experimentado Francisco Javier Camarena, precedido de amplia trayectoria en temas hidràulicos.
Pero el tratamiento sólo alcanzó para un año y, ahora, a solo tres meses del Festival del Globo, uno de los eventos más importantes del año, el Parque deberá cambiar sus dosis de medicamentos para renovar su circulación.
Más allá del colesterol administrativo que representa el Festival del Globo, el Parque padece taquicardia, cuyos síntomas son percibidos por millares de usuarios cotidianos que advierten que “el parque trae muchas dolencias”.
¿Qué ocurre dentro de su organismo?
Hay diagnósticos que señalan que su padecimiento es crónico-degenerativo, mismo que data “de años”.
Es un hecho, la salud del Parque Metropolitano se deteriora cada día más y, el paciente, proyecta su lastimoso semblante hacia la ciudadanía.