¡A.T.M.!*

Mis queridos lectores, buenos días.

En esta ocasión decidí hacer una pausa en mi columna sobre asuntos relacionados con el estado actual de las cosas en la vida política y económica de nuestro México.

Existen muchas personas que han dejado huella en nuestro país, algunos de forma negativa.

Otros, en forma indeleble y positiva como el actor mexicano que procedente de una familia de 14 hermanos, con  solo estudios de primaria, además de carpintería, fabricó una guitarra tocando en su juventud en algunos bares de Mazatlán. A la edad de vienta años ya era baterista, violinista y guitarrista en la Orquesta Estrella. Mas adelante conoce a María Luisa León  y se muda ya casado a la Ciudad de México. Intentó incursionar en la radio siendo rechazado en distintas ocasiones pero en 1940 el Ingeniero Luis Ugalde le ayudó a entrar a la XEB.

Consuelito Velázquez lo veía todos los días a la salida de la radiodifusora , parado junto a una columna, hasta que uno de esos días, este joven se le acerco y le pidió su ayuda. Ella para “quitárselo de encima” lo presentó  con el director Don Enrique Contel y al escucharlo  lo contrató inmediatamente.

Me refiero a Pedro Infante Cruz.

Si Pedro Infante viviera tendría 102 años. Medía alrededor de 1.77 metros de altura.

Conmemoramos 62 años de su muerte precisamente un día como hoy lunes 15 de abril, acaecida en Mérida, cuando volaba de regreso a la Ciudad de México en un avión de la compañía TAMSA (Transportes Aéreos Mexicanos) con matrícula XA-KUN.

Como piloto y al mando de la aeronave estaba el Capitán Víctor Manuel Vidal Lorca (más de 10 mil horas de vuelo en DC 3, pero poco en este tipo de aviones). El copiloto Pedro Infante Cruz de 39 años de edad con 3 mil horas de vuelo y en su historial dos accidentes previos. Con una placa de titanio en el cráneo como recuerdo del último de sus percances.

Los acompañaba como asistente el mecánico y operario de carga Marciano Bautista Escárraga, en un avión Consolidated B-24J Liberator de 4 motores Pratt & Whitney R-1830, que además había fungido como bombardero en la Segunda Guerra Mundial, modificado para servir como carguero y  al cual apodaban “El Sapo”

A la siete con  cuarenta y cinco minutos le es autorizado despegar de la pista en el aeropuerto local. Pedro tenía un boleto en Mexicana de Aviación una línea comercial.

 Una decisión de la Corte Suprema de México, anulando el matrimonio civil que había realizado tres años antes con la con la actriz Irma Dorantes , aun casado legalmente con  María Luisa León, lo había forzado a interrumpir el descanso en su mansión veraniega de la Península de Yucatán para ir a enfrentar el problema en la capital.

“Inexplicablemente a última hora resuelve tomar el puesto del copiloto en el avión carguero”

La única versión que se conoce sobre los motivos de este cambio de avión que habría de costarle la vida, es la que Lupita Torrentera le comentó a una periodista en el libro Un Gran Amor:

 “Fueron a decirle que no dejaban salir el avión de Tamsa si él no intervenía. Y no lo dejaban salir según Lupita, porque iba cargado de manteles y pañuelos, encargados por un hermano de Antonio Matouk, socio mayoritario de Pedro Infante en la empresa. “No era negocio de Pedro -advierte Lupita-; él ganaba mucho dinero como artista y tenía bastante prestigio como para meterse en problemas que no le correspondían”.

Esa decisión  cambio la vida del actor e ídolo de Guamúchil, además de los compañeros de vuelo y de Ruth Rosell Chan y el niño Martin Cruz quienes murieron al impactarse el avión sobre el patio trasero, cerca de las 8 de la mañana, en un predio ubicado entre las la calles 54 sur  y 87, en la ciudad de Mérida. El impacto provoco la destrucción de la aeronave e incendió las casas aledañas.

¿Qué paso después?

Desafortunadamente,  por falta de previsión, la familia de Pedro no recibió nada de  dinero. De la fortuna que supuestamente tenia y que, aparentemente, sumaba 20 millones de pesos.

Como por arte de magia, esos recursos, desaparecieron. Posiblemente el  socio  tuvo algo que ver  y sin un testamento que avalara sus posesiones y la trasmisión de ellos en la muerte, todo se esfumó.

Su legado, sus obras, actuación películas y recuerdo persisten y siguen siendo parte de la época de oro del cine mexicano. Recordado, no solo por las generaciones pasadas, aun las actuales seguimos rindiendo homenaje a este singular actor.

* ¡ A Toda Máquina!, Pedro Infante 1951

¡Hasta la próxima!

Comentarios: dr_rethcuel@yahoo.com