El rol que juega la madre debería reconocerse diariamente; pero se le recuerda por medio de una festividad específica: el día de las madres, el cual se celebra, desde hace casi 100 años, el día 10 de mayo. Este día, las madres se convierten en el centro de atención. Regalos, llamadas, abrazos, mimos, flores y un sinfín de monerías más, son las estrategias preferidas por los hijos; y por las empresas, negocios y publicidad, para recordarle a nuestra progenitora, la importancia que tiene en la familia y en la sociedad. Lamentablemente, en la mayoría de los casos, esta conmemoración se reduce a sólo eso, uno de los 365 días del año.

Es común que las empresas otorguen permisos a las madres, para ausentarse por algunas horas, y así poder acompañar a sus hijos pequeños a los festivales escolares. Pero el resto del año, ni pensar en tener esta clase de privilegios. El dejar el escritorio al término “oficial” de la jornada laboral, se percibe como una falta de compromiso por parte de los empleadores. El “si no das ese extra, no podrás ser considerada para ningún ascenso” se convierte en la lápida laboral de muchas madres trabajadoras. De ahí que los hijos deban quedar al cuidado de alguien más; y conviven con su madre un par de horas al día.

Otra de las muestras de aprecio de las compañías por las madres, son algunos bonos u obsequios. Sin embargo ese reconocimiento y aprecio no se demuestra mediante el sueldo que se les paga. De acuerdo con un boletín del Senado de la República, en México se tiene una brecha salarial de desigualdad del 34.2 por ciento. Ni hablar de las posibilidades de ascender a puestos gerenciales. La posibilidad de que la mujer se embarace y se ausente de sus responsabilidades, es la principal razón por la que muchos empleadores, prefieren no otorgarles una labor directiva. Aunque debe reconocerse que, en muchas organizaciones, esta mala praxis está desvaneciéndose poco a poco.

Debe reconocerse además que el trabajo de una madre no se reduce solamente al círculo profesional. Una vez que termina el horario de oficina, comienza el trabajo en casa. Las tareas, la cena, el baño, la comida del día siguiente, ocupan horas adicionales a las mujeres, una vez que llegan a su “apacible” hogar. De acuerdo con estadísticas del Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, de la Cepal, las mujeres en México trabajan 74.4 horas a la semana en promedio. De estas, 20.5 son remuneradas y 53.9 no lo son. Caso contrario a los hombres, quienes laboran en promedio 64.3 horas, de las cuales 44.9 son remuneradas y 19.4 no lo son.

Tengo una esposa maravillosa, que se desarrolla profesionalmente, pero que también se desempeña en su ardua labor como madre. Esto es algo que debo admirar y reconocer todo el año. Tengo también una madre ejemplar, a quien debo demostrarle, de manera recíproca, el cariño y apoyo que siempre he recibido de su parte. Estoy obligado además, como miembro de mi familia, a compartir equitativamente las obligaciones que representa el hogar. Desafortunadamente, es fácil admitirlo, pero difícil de llevar a cabo. Fácilmente puede uno perderse en los cánones sociales, que dictan los roles del hombre y de la mujer en la familia. Pero debo aceptar que a la madre se le debe celebrar, cuidar y reconocer todo el año, no solamente con muestras de cariño o con regalos, sino con un apoyo sincero, compartido y solidario.

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